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¿Por qué, aunque el cuerpo duerma, la nariz siempre está despierta?

Orula y Ori

Cuentan que un día Orí, la cabeza, acudió al adivino Orula para que la ayudase a tener un cuerpo y siguió su consejo, y mientras pasaban los dieciséis días que el sabio le pidió que esperara, se le iban agrandando el tronco y las extremidades.

Al transcurrir el plazo señalado por Orula, ya el cuerpo estaba completo con tronco, los Apa o los brazos y las Elese melli o las piernas.

Desde entonces, cabeza, tronco y extremidades, andan juntas, gracias a que la cabeza siguió los consejos de Orunmila.

Incontables historias refieren la importancia de hacer caso a la palabra de Orula, la cual es justa, verdadera, y jamás cae al piso, quien siga sus consejos siempre se salvará.

La historia yoruba de Orí, la nariz y el cuerpo

Pero la nariz, los ojos, las extremidades, el tronco y las orejas, no se quedaron quietas y quisieron saber su función en el organismo humano.

Así fueron a registrarse con Orula el sabio adivino y benefactor de la humanidad y este les dijo que tenían que hacer rogación porque podía venir un tiempo en que estuvieran tan cansados que se iban a dormir y no podrían funcionar correctamente.

Pero al salir del lugar de Orula se separaron y cada cual tomó su camino sin creerle al sabio Orisha.

Los ojos acostumbrados a verlo todo no creyeron que en algún momento se pudieran cansar y cerrar, mientras que las extremidades, ideales para andar los caminos y agarrar los objetos, rieron ante la idea del cansancio.

Tampoco el  tronco pensó estar en otra posición que no fuera erguido y las orejas que todo lo escuchaban, despreocupadas, olvidaron la rogación.

La nariz hizo caso a Orula

La nariz fue la única que siguió el consejo del adivino Orisha temiendo dejar de respirar en algún momento.

Un tiempo después los ojos sintieron que el cansancio los cerraba y las extremidades agotadas necesitaron reposar ante la idea de superar muchos obstáculos.

También el tronco buscó donde acostarse en la noche para superar el cansancio y las orejas quedaron profundamente dormidas junto a los demás, sin escuchar nada por un tiempo.

Pero en medio de aquel silencio, solo la nariz quedó despierta y es el órgano que nunca descansa. Desde ese momento, cuando el cuerpo duerme, la nariz vela.

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