Obatalá, padre del mundo, según muchas leyendas yorubas estaba casado con Yemayá, diosa de los mares y poderosa madre espiritual.
Es Yemayá la protectora de las mujeres embarazadas y de los niños pequeños, ella misma perdió a un hijo, dolor que nunca pudo superar. Por ello es protectora y misericordiosa con los hombres en la tierra, carga en su vientre la vida del mundo.
La pérdida de su hijo le causó un mal indescriptible y aún lo llora con desesperación.
Patakí de Obatalá, Yemayá y su hijo
Cuenta este patakí que la Madre del Mundo, Yemayá, vivía con Obatalá, y quedó embarazada de su primer hijo. Pero durante el tiempo del embarazo sufrió algunas alteraciones en su salud y su bebé peligraba.
Llegó el día del parto y al sentir los dolores Yemayá profería gritos aterradores. A Obbatalá que estaba comiendo pescado, se le clavó una espina en la garganta al oír los intensos aullidos de Yemayá.
Su esposa sufría mucho y el bebé no lograba salir. Así que Yemayá comenzó a sacudirse con violentas convulsiones.
Obbatalá viendo su vida peligrar trató de ayudarla y en eso estaba cuando se le destrabó la espina de la garganta.
Obbatalá llevó al niño Inle al mar
Pasaron las horas y luego de muchos gritos Yemayá finalmente pudo parir a su hijo.
Rápidamente Obbatalá nombró al pequeño Inle y salió corriendo de la casa hacia la costa. Luego de llegar al límite, se lanzó al mar junto con su pequeño.
Cuenta la leyenda que allí le dejó el bebé a Abita, hija de Yemayá, que vivía apartada del mundo y lo recogió y lo crió como si fuera de ella.
Pero Yemayá no podía quedarse de brazos cruzados, así que fue al mar a buscar a su hijo y allí se quedó viviendo.
Se dice que cuando recuerda la pérdida de su pequeño hijo Inle da gritos y revuelve el mar furiosamente buscándolo, haciendo que las aguas se agiten por doquier.