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Alberto Méndez: Entre las Aguas del Folclor y la Danza Clásica

Por: D. B. Acevedo

Alberto Méndez actualmente

Es uno de los maestros en el abordaje de la temática africana en compañías como el Ballet Nacional de Cuba y el Conjunto Folklórico Nacional.

La literatura, la música, las artes visuales y la danza cubanas han tenido la necesidad de dejar constancia en su obra de la ascendencia africana. La última de las mencionadas manifestaciones es quizás la que más haya recibido y expresado del folclor.

Contrario a lo que muchos podrían pensar el ballet, por ejemplo, fue terreno donde coreógrafos como Alberto Méndez regaron con su talento el repertorio de la compañía. En ella proyectó sus visiones de los orishas y los temas folclóricos de Cuba, por medio de un auténtico lenguaje.

“En 1959 me lancé al vacío ante el proyecto de Ramiro Guerra de fundar el Conjunto de Danza Moderna, pues yo no tenía formación ni referentes que imitar. En un inicio él nos preparó durante tres meses. Yo solo tenía adelantado la parte física porque a mí me gustaban los deportes, en cambio me faltaba el concepto de la danza moderna que lo fui aprendiendo a lo largo de un año con él”, cuenta Méndez sobre sus inicios.

“La primera función que se presentó al público fue Mulato, una especie de Cecilia Valdés. En la obra yo hacía de un «señorito» y para mí fue terrorífico porque no tenía nada que me pudiera apoyar”, según rememora.

Con su abarcadora visión acerca de la cultura comprendió como pocos el pensamiento de Ramiro: “El artista toma e interpreta la tradición folclórica de manera muy personal, la manipula y la recrea para ofrecerla al público. Podrá tomarse todas las libertades que desee, pero sin tergiversar las raíces”[1].

A lo largo de los años Alberto Méndez sigue la línea temática del sincretismo dentro de su repertorio. Mezcla la técnica del ballet con matices y elementos de la cultura africana trasplantada en Cuba hace más de cinco siglos. Revaloriza esa estética dentro del ámbito de la danza académica.

Arte Alberto Méndez

“En 1961 pasé al Ballet Nacional de Cuba. Las cosas me fueron muy bien en el orden artístico, no así en ciertas relaciones personales. Ese año la compañía inició una gira internacional por China y otros países socialistas. Duró siete meses y puedo decir que aprendí a bailar en ese tiempo”,

“Desde mis inicios en el Conjunto de Danza Moderna tenía inquietudes en la creación de coreografías, pero era muy intuitivo en ese momento. Más de diez años después, en 1970, realizo la primera obra en el ballet”, cuenta.

“La agrupación participaba en concursos internacionales como el de Varna, Bulgaria, que siempre pedía coreografías de nueva creación. Esa vez Alicia Alonso me pidió ver lo que yo estaba haciendo. Era la pieza Plásmasis que tiene mucha influencia de mis orígenes en Danza Moderna”.

Un hito llega a su vida en 1973, cuando estrena El río y el bosque, una leyenda de Ochún y Oggún de gran aceptación y éxito en el público cubano e internacional.  “Esa obra fue premiada como la mejor coreografía moderna en el Concurso Internacional de Ballet de Varna, en 1974. La música es un diseño de sonorización de Féliz Guerrero y la voz de la soprano María Remolá”, rememora el artista.

 Y es que “Méndez dota las coreografías de una espiritualidad y de un dominio de la poesía de los mitos africanos que adicionan belleza y estilización a ese universo. Lo hace de una manera elaborada. La oscuridad cede su espacio a los colores, los misterios a la luz y el ritual al poder de lo afrocubano”, considera la investigadora Hortensia Montero en el libro Poética, Shangó y la vida.

La temática africana continuó su presencia y aceptación dentro del Ballet Nacional de Cuba con el surgimiento de piezas como Criollos y Cecilia Valdés de Gustavo Herrera. Asimismo lo hicieron Cimarrón y Rítmicas, de Iván Tenorio; Manita en el suelo, de Alberto Alonso, y De las olas, de Gustavo Herrera y Alberto Méndez.

Este último, realiza en 1979 la coreografía Estirpes Cubanas, con música de Jesús Ortega donde utiliza cantos yorubas. Según cuenta la prensa de la época “en un momento protagónico durante el estreno de la creación aparecen los bailarines negros Caridad Martínez y Andrés Williams que explotaban al máximo la plasticidad de sus cuerpos, dando la posibilidad al autor de romper el mito acerca de la imposibilidad del bailarín negro de enfrentar con excepcionalidad y virtuosismo tanto la técnica como el lenguaje del ballet clásico”.  

Sin embargo pocos conocen que la cultura africana influyó el Ballet Nacional de Cuba, desde los años 40´s, cuando tenía por nombre Ballet Alicia Alonso. Así lo demuestran las puestas en escena de Fiesta Negra, del coreógrafo Enrique Martínez; Toque, de Ramiro Guerra, en 1952, y Sóngoro cosongo, de Cuca Martínez, en 1953.

Mirta Pla y Roberto Rodríguez en El güije, coreografía de Alberto Alonso

Y después de 1959 aparecen El güije, de Alberto Alonso, en 1967; Oshosi y venado blanco, de Díaz Reyes; Mestiza, de Lorenzo Monreal, en 1966, y La rumba, de Alberto Alonso, en 1968, sintetiza Mercedes Borges en su publicación Influencias del Folclor africano en la danza cubana.   


[1] Guerra, Ramiro. Teatralización del Folklore, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009

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