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Crónica 15: El poder de Ajá y la curandera de Tawacomo

Ajá y la curandera

«La patrona de la selva te curará con sus hierbas»

A pesar de los adelantos médicos, la realidad es que no en todas partes del mundo se puede acceder a ellos, algunos pueblos tienen que recurrir irremediablemente a los conocimientos ancestrales conectados con la naturaleza, algo así sucedió hace mucho tiempo en una aldea remota, donde una terrible epidemia casi desaparece por completo a su gente, de no ser por la presencia de Flor Inés, la «Jujuman de Tawacomo».

En un lugar donde la tierra era seca y calurosa, y la vegetación apenas se contaba en cinco o seis árboles, estaba asentada la aldea de Tawacomo. Allí solo vivían diez familias que unas a otras se ayudaban para sobrevivir en tan inhóspito lugar, a pesar de eso eran personas felices, agradecidas ante sus dioses por la vida y sobre todo, por la risa de los niños.

Un día se apareció una señora de rasgos viejos y semblante bueno, con autoridad los reunió a todos pues tenía algo muy importante que decirles:

__ Los caracoles me hablaron de una niña especial que ha sido bendecida por Ajá, la Orisha de los torbellinos, he venido a llevármela para enseñarle todo lo que sé y ocupe mi lugar después de mi partida. Por eso estoy aquí. __

Como una danza perfecta, todos miraron a Flor Inés, no podía ser otra, su inteligencia e intuición para ver más allá le daban ese toque especial que aquella señora mencionaba.

__ He venido por ti pequeña, no temas, que Ajá te hará sabia y necesaria. __. Dijo la mujer, y la niña, sin una pizca de miedo, le sonrió.

__ Yo también te estaba esperando…__, respondió la infante, __ estoy lista. __

Y la mujer se la llevó sin reclamo de los padres, cargados con diez pequeños más, preguntándose cómo llenarles la panza. Como anuncio divino, la señora les dejó un buen augurio:

__ Si un día la desgracia cayera sobre esta aldea, solo tienen que invocar al viento salvaje y él traerá la salvación. __

Pasó el tiempo, los niños crecieron y fundaron sus propias familias haciendo crecer la aldea, pero la pobreza seguía vistiendo el lugar y era necesario buscar comida en otros sitios. De allá llegaron nuevas mercancías, gente nueva y también nuevos males.

No se sabe quién fue el primero, lo cierto es que una extraña enfermedad se asentó en la aldea, matando personas sin piedad.

__ Tenemos que hacer algo o no quedará nadie en Tawacomo.__

¿Pero qué hacer?, la pobreza no paga doctores ni medicinas, fue cuando alguien recordó la visita de aquella extraña mujer.

__ El viento salvaje. __ , dijeron todos y como un coro perfecto comenzaron a llamarlo hasta que la noche envolvió la aldea y cada quien regresó a su choza a esperar la muerte.

Pero no fue la muerte quien vino, rayando el amanecer, un fuerte torbellino azotó el lugar levantando una enorme polvareda, cuando el viento se calmó ya estaba ahí. La noticia se corrió de voz en voz, todos salieron para ver a la hermosa joven con un traje colorido y una cesta grande llena de hierbas y una cría de cabras.

Nadie podía hablar de tanta impresión, fue la muchacha quien tomó la iniciativa.

__ Rápido, pongan a calentar agua en el caldero más grande que tengan. __ . Les dijo a unos mientras ordenó a otros sumarse a ella para ordeñar a los animales. Cuando el agua estuvo hirviendo, comenzó a echar hierbas y revolver, el aroma era agradable impregnándose en cada espacio de la comunidad.

__ Cada familia traiga dos vasijas. __

Así lo hicieron, en una echó el cocimiento de hierbas, en la otra la leche ordeñada. Personalmente fue visitando a cada enfermo, además de hacerles beber el brebaje y la leche, les administró, según la gravedad, una u otra hierba en la frente o en el pecho.

Tres días duró la faena, tres días la misma rutina, en el quinto amanecer empezó a despejarse la niebla.

__ «Me siento bien… Estoy mejor… Ya no me duele nada…»__ , eran las frases de los enfermos, ahora con un semblante vivo y feliz. Al séptimo día la mujer dijo:

__ Les dejo las cabras, también algunas hierbas por si alguien se sintiera mal. __. Recogió sus bultos y se dispuso a partir.

Toda la aldea salió a despedirse de ella, cuando la distancia comenzaba a hacerse grande, alguien le gritó:

__ ¡Perdón pero… quién eres tú… cuál es tu nombre…! __

Y la hermosa joven se volvió sonriente y les dijo:

__ ¡Acaso no me recuerdan, soy Flor Inés, su Jujuman! .__

Y se marchó acompañada de un torbellino que levantó una polvareda enorme. Ansiosos, los aldeanos preguntaron a la más vieja el significado de aquella palabra:

__ ¿Jujuman…?, eso quiere decir que ella es nuestra Babalawo.__

Entonces todos comprendieron y con alivio volvieron a sus quehaceres, seguros de que, si alguna vez volviera a suceder tamaña desgracia, solo tenían que invocar al viento salvaje y de seguro la hija de Ajá llegaría para ayudarlos.

«Si sientes un viento salvaje, no temas, es la presencia de la señora Ajá en el aire. «

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