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Misterios sepulcrales: La dama durmiente del cementerio de Cienfuegos

Por: Ninette Caren Fernández

María Josefa Álvarez Miró

María Josefa Álvarez Miró popularmente conocida como la dama durmiente o la reina durmiente, fue una joven nacida en una acaudalada familia cienfueguera, quien fuese recordada por sus familiares y amigos por su afición a las bellas artes y el piano.

En su juventud contrajo nupcias con Vicente González, dueño del hotel La Unión, el cual era en ese entonces uno de los sitios más afamados de la época en Cienfuegos.

La bella mujer falleció misteriosamente el 16 de julio de 1907 a la corta edad de 24 años, su muerte aun en nuestros días no ha sido bien dilucidada.

Los misterios que rondan a la dama María Josefa

Surgiendo hipótesis que relacionan su deceso con la eclampsia, estado más grave de la hipertensión gestacional, nexo que la une con el panteón donde descansa la Milagrosa en la Necrópolis Cristóbal Colón, en La Habana.

Con el término eclampsia los médicos clásicos quisieron describir metafóricamente a la llegada de un relámpago o, mejor dicho, la aparición de una tormenta en un cielo despejado, misma tempestad que en el caso de María Josefa la llevase presumiblemente a la muerte.

Existen varias hipótesis sobre el surgimiento de la escultura que la identifica en el Camposanto de Reina y otorga protagonismo a su tumba y su persona, por sobre las otras que allí recibieron santo sepulcro.

La cual se cree fue construida en mármol de Carrara a petición de su madre, en un intento desesperado por recordarla guardando el sueño eterno, imagen a través de la cual la arrebataría de las manos del arcángel mortífero en su memoria.

Mientras que existe otra versión del suceso donde se relata que la pieza arquitectónica fue mandada a tallar bajo el consentimiento de su esposo, quien buscaba rendir homenaje a su juventud y belleza.

No fue hasta meses después de su inhumación que fuese colocada sobre su tumba la escultura que tiempo después se convertiría en una de las joyas icónicas del cementerio de Reina.

La escultura de la Bella Durmiente ¡Un lugar de fe!

Esta refleja el semblante de una joven que duerme reposando sobre una cruz, a la vez que sostiene un ramo de amapolas, flores que representan el recuerdo eterno.

En la cultura china esta planta florecida inmortalizaba el amor eterno, mientras que se le atribuye estrecho vínculo con el sueño y el descanso.

Es curioso observar que mediante esta pieza es aplastada una serpiente, animal que encarna la muerte, el olvido y los males de los que son víctima los seres humanos.

Muchos de los visitantes acuden al cementerio de Reina para pedirle deseos a la bella durmiente, los que a menudo suelen asociarse con ilusiones de amor, salud y maternidad.

Es a los pies de esta enigmática mujer que los devotos de su espíritu le profesan actos de fe.

Divisándola como un ser mágico, mientras que le suplican su intercesión y sobreguarda ante los fenómenos inesperados de la vida.

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María Josefa Álvarez Miró
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